Mientras que en muchas de nuestras cocinas españolas este electrodoméstico es un vecino más, en otras zonas de Europa la cosa cambia radicalmente y siempre vemos la lavadora en el baño.
Este es uno de esos temas recurrentes que siempre traen cola en España, pero que en los países nórdicos tienen más que superado: la eterna pregunta de dónde demonios poner la lavadora.
Si veis las imágenes de esta preciosa vivienda (fijaos en el baño abuhardillado con ese blanco y gris tan limpio, ¡es una maravilla!), podéis entender perfectamente el concepto.
No se trata de un rincón cutre, sino de una zona de lavandería integrada que es tan funcional como bonita. Vamos a ver por qué esta tendencia es mucho más que una simple moda decorativa, y cómo podemos copiarlo en nuestros hogares.
La lavadora en el baño: Cuestión de lógica y funcionalidad
En el diseño nórdico, la practicidad y la lógica mandan. Y seamos sinceros, ¿dónde acumulamos la ropa sucia? ¡En el baño! Es el sitio donde nos desvestimos, nos duchamos y donde se concentra la higiene personal.
Por eso, tiene todo el sentido del mundo que la lavadora esté justo ahí. Se acabó el paseo con la cesta de la ropa sucia por el pasillo, el salón y la cocina, esquivando bártulos y haciendo malabares para no tropezar.
Además, al sacar la lavadora de la cocina, vosotros (y nosotros, que también lo agradecemos) liberáis un espacio valiosísimo que podéis dedicar a almacenaje o a tener una encimera más grande para cocinar, que es la función principal de esa estancia, ¿verdad? Es una decisión que mejora el flujo de trabajo en casa y, de paso, hace que la cocina se vea mucho más limpia y despejada.
5 claves para integrar la lavadora en el baño al estilo nórdico
Si al ver las fotos os ha entrado el gusanillo de mandar la lavadora a su sitio lógico, aquí van las 5 claves para un auténtico ‘Laundry Room’ nórdico, como el que vemos en las imágenes:
- Mueble y encimera a medida: Fijaos en el ejemplo. La lavadora (y la secadora, si la tenéis) no están sueltas. Están integradas bajo una encimera blanca que unifica la zona y sirve de superficie de apoyo para doblar la ropa o dejar los productos. Imprescindible para que no parezca un trastero.
- Almacenaje discreto: Los productos de limpieza y el suavizante deben ir escondidos. En las fotos vemos armarios inferiores con puertas que siguen la línea del mueble de baño. Esto mantiene la estética limpia y ordenada, evitando el temido ruido visual.
- Toques de calidez: Para que el espacio no sea frío, se añaden elementos naturales. En el baño de las fotos, tenéis una alfombra de fibra, plantas y cestas de fibra natural. Esto neutraliza la frialdad de los azulejos y hace que el rincón sea acogedor.
- Iluminación funcional: Al ser a menudo espacios pequeños o, como en este caso, abuhardillados, la luz es vital. La iluminación empotrada que veis en el techo da una luz uniforme y clara, perfecta para ver lo que estáis haciendo y para que el espacio se sienta más grande.
- Unidad de estilo: Tanto la zona de lavandería como la de ducha y lavabo deben compartir materiales (azulejo blanco, suelo gris) y colores (mueble gris/negro, blanco). Esto garantiza que la lavadora en el baño no sea un «pegote», sino una parte esencial de un diseño coherente.
Como veis, trasladar la lavadora al baño es mucho más cómodo, más limpio y más estético de lo que parece, sobre todo si copiamos las soluciones de almacenaje y diseño que nos brindan los hogares nórdicos. Es hora de darle a la colada el espacio que se merece, ¿no os parece? ¿Vuestra lavadora donde está?
No os perdáis el resto del tour de este ático de 58 metros, con esa cocina abierta, con terracita que es una maravilla de luz y amplitud.



























Fotos propiedad Alvhem
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