Nuestras abuelas nunca hicieron esta «tarta de la abuela» valga la redundancia, bueno, en lo que a la parte española se refiere claro, la danesa no se muy bien. Mis abuelas no cocinaban casi nunca postres y cuando lo hacían era algún arroz con leche o manzana asada, así que, creemos que el tema genético no ha influido en absoluto en nuestra afición repostera :).
¿Se hace esta tarta en vuestras familias? ¿habéis heredado la receta? Nosotros nos hemos inspirado después de una escapada a Cádiz, esta receta estaba en las cartas de la mayoría de restaurantes, cada uno su versión claro, porque ya se sabe que las recetas tradicionales tiene muchas variantes (aquí unos concebollistas :)))).
La cuestión, que la receta es tan sencilla que hasta un niño puede hacerla…. Por eso, si buscáis un postre para el fin de semana, rápido, que no necesite horno y que triunfe entre grandes y pequeños, ¡esta es vuestra receta!
La base de esta tarta de la abuela es tan simple como la vida misma: galletas, leche y una crema de vainilla, se necesitan muy pocos ingredientes, utensilios y experiencia, es una receta ideal para los que os estáis iniciando en repostería.



Receta de Tarta de la abuela
Para la crema
- 500 g leche (reservamos un vaso)
- 6 yemas de huevo
- 100 g azúcar
- 12 g maicena
- 1 vaina de vainilla
Para el ganache de chocolate
- 200 g nata líquida para postres 35%
- 380 g chocolate negro 70%
Para el montaje
- 2 paquetes de galletas cuadradas
- leche (cantidad necesaria para mojar las galletas)




Pasos para montar la Tarta de la abuela
Como os decíamos, esta receta no necesita horno, solo un molde rectangular y un poco de paciencia mientras enfría en la nevera.
1. Preparamos la crema espesa y el ganache
En el vaso de leche que hemos reservado, disolvemos la maicena con las yemas de huevo hasta que no queden grumos. Mientras tanto, en una olla, calentamos el resto de la leche con el azúcar y la vaina de vainilla. Antes de que hierva, retiramos del fuego y dejamos infusionar unos 5-10 minutos para que coja bien el sabor.
Colamos la leche infusionada para retirar la vaina y volvemos a ponerla en la olla a fuego bajo. Añadimos la mezcla de maicena y yemas y removemos sin parar con unas varillas hasta que la crema espese. Debe quedar una textura densa, como unas natillas muy consistentes. Es importante que hierva un poquito para que la maicena cocine bien, pero sin dejar de remover. Retiramos y dejamos templar.
Para el ganache solo tenéis que derretir el chocolate con la nata, mezclarlo muy bien y luego dejarlo templar.
2. Montamos la tarta en capas
Este es el paso más divertido y el que podéis hacer con los peques de la casa. Vertemos un poco de las natillas templadas en el fondo del molde y las extendemos bien. Aparte, empapamos ligeramente las galletas en un plato con leche. No las mojéis demasiado, solo un segundo, para que no se rompan ni se deshagan.
Colocamos una capa de galletas mojadas sobre la base de natillas. Cubrimos esta capa de galletas con una buena cantidad de natillas. Repetimos el proceso: capa de galletas y capa de natillas, así hasta terminar la crema. La última capa debe ser de galletas.
Por último, repartís por toda la superficie el ganache de chocolate ya templado y cubrís bien la tarta.
3. El reposo (la parte más difícil)
Llevamos la tarta al frigorífico. Debe reposar al menos 4 horas, aunque, como todas las recetas de abuela, está mucho mejor de un día para otro :), Así las galletas absorben la humedad de la crema y la tarta gana consistencia y sabor.
Y lista, nosotros la servimos con una espátula directamente de la fuente al plato, se rompe un poquito, pero está riquísima igual :).
Contadnos si la probáis y si vuestras abuelas, al menos, aprobarían esta versión :).


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