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El mejor bizcocho de limón del mundo: una receta para guardar

Hay recetas que haces una vez y ya no las abandonas nunca. Este bizcocho de limón es una de ellas, lo vimos hace unas semanas en Instagram e inmediatamente supimos que teníamos que hacerlo: esa miga densa pero tierna, ese color dorado perfecto, y sobre todo ese almíbar de limón que se vierte caliente sobre el bizcocho recién salido del horno y lo empapa de arriba abajo. El resultado es un bizcocho tan jugoso y tan intensamente cítrico que es difícil creer que se haga con ingredientes tan sencillos.

Lo hicimos este fin de semana y podemos confirmar que es perfecto, probablemente el mejor bizcocho de limón del mundo. Uno de esos bizcochos que saben igual de bien el primer día que el tercero, porque el almíbar actúa como conservante natural y mantiene la miga húmeda durante días. Si sois fans del limón, este va a convertirse en vuestro bizcocho de referencia.

Por qué este bizcocho de limón es diferente: el secreto está en el almíbar

La mayor parte de los bizcochos de limón llevan limón en la masa y ya. Este va un paso más allá: además de la ralladura en la masa y el zumo, tiene un almíbar de zumo de limón y azúcar que se vierte sobre el bizcocho todavía caliente, justo cuando se saca del horno. Se pincha la superficie con un palillo o un tenedor, se vierte el almíbar y el bizcocho lo absorbe todo. Cada bocado tiene esa intensidad cítrica que normalmente solo se consigue con mucha más cantidad de limón en la masa.

Receta de el mejor bizcocho de limón del mundo

Ingredientes para un molde de plum cake de unos 22 cm:

Para el bizcocho:

  • 150 g mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 g azúcar
  • ralladura de 1 limon
  • 4 huevos L
  • zumo de 1 limón
  • 150 g de nata líquida para postres
  • 240 g de harina
  • 8 g levadura/polvo hornear
  • pizca de sal

Para el sirope o almíbar:

  • 40 g azúcar
  • 40 g zumo limón
  • 40 g agua

Elaboración:

Paso 1: Precalentar y preparar el molde

Precalentar el horno a 170°C con calor arriba y abajo. Engrasad bien el molde de plum cake de unos 22 cm de largo con mantequilla.

Paso 2: Preparar la masa

En un bol grande, batid la mantequilla con el azúcar y la ralladura de limón, hasta obtener una crema pálida y esponjosa.

Añadir los huevos de uno en uno, batiendo bien entre cada adición. Si la mezcla se corta un poco, no os preocupéis, se arregla con la harina, eso pasa si hay diferencias de temperatura, mantequilla blanda y los huevos más fríos.

Añadir el zumo de limón, batir bien y después añadir la nata líquida y volver a batir todo muy bien.

Añadir la harina, la levadura/polvo de hornear y una pizca de sal y mezclar con movimientos suaves con una espátula hasta que la harina desaparezca.

Paso 3: Hornear

Verter la masa en el molde preparado y alisad la superficie. Podéis hacerle un corte en el centro y poner una tira de mantequilla para que quede mejor, pero esto es opcional.

Hornear durante 60 minutos, o hasta que al insertar un palillo en el centro salga limpio. Si veis que se dora demasiado por arriba antes de tiempo, cubridlo con papel de aluminio los últimos 10-15 minutos.

Paso 4: El almíbar (el momento clave)

Mientras el bizcocho está en el horno, preparar el almíbar mezclando el azúcar, con el zumo de limón y el agua y calentándolo hasta que se disuelva.

En cuanto saquéis el bizcocho de limón del horno, sin desmoldarlo todavía, pinchad toda la superficie con un palillo y echar el almíbar lentamente y de manera uniforme sobre toda la superficie. Veréis cómo el bizcocho lo va absorbiendo poco a poco.

Dejadlo enfriar completamente en el molde antes de desmoldarlo.

Cómo servirlo: la versión postre

La última foto a continuación es cómo lo servimos el domingo en casa de postre y fue un éxito total. Sobre cada porción pusimos una cucharada generosa de crème fraîche, un chorrito de aceite de oliva virgen extra de calidad y ralladura fresca de limón por encima.

¿Parece una combinación rara? puede parecer, pero no y es que está deliciosa, la crème fraîche aporta una cremosidad fresca y ligeramente ácida que complementa perfectamente la intensidad del limón. El aceite de oliva añade una nota sutilmente frutal y redondea el conjunto. Y la ralladura fresca potencia el aroma cítrico en cada bocado. Es sencillo, elegante, y sorprende a todo el mundo.

Para el desayuno o la merienda, solo, con un café o un té, tampoco necesita nada más. Pero si buscáis una forma de presentarlo como postre, esta combinación es difícil de superar.

Consejos para que salga perfecto

No escatiméis en ralladura. La ralladura de limón es lo que da sabor a la masa y dos limones es el mínimo. Si sois muy fans del limón, podéis poner tres.

El almíbar va caliente sobre bizcocho caliente. Este es el momento clave: el bizcocho debe estar recién salido del horno para que los poros estén abiertos y lo absorban bien. Si esperáis a que se enfríe, el almíbar se quedará en la superficie en lugar de penetrar.

Dejadlo enfriar del todo antes de cortar. Ya sabemos que es difícil esperar, pero si lo cortáis caliente la miga se deshace. Con paciencia, os espera una textura perfecta.

Aguanta varios días. Guardado en un recipiente hermético a temperatura ambiente, está igual de bueno (o mejor) al día siguiente. No lo metáis en la nevera, se endurece.

El aceite de oliva en la presentación no es opcional. Si vais a servirlo como postre con crème fraîche, no os saltéis el chorrito de aceite, es el detalle que lo convierte en algo especial.

Receta: celia_oeg

Fotos: delikatissen


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