Así se renueva una villa escandinava de los años 60 sin perder ni un gramo de su carácter original

Cuando una casa tiene carácter de verdad y tenemos planeado renovarla, lo mejor que se puede hacer es observarla bien. Esta villa escandinava años 60, a las afueras de Estocolmo, es un ejemplo magnífico de lo que ocurre cuando una renovación se hace con criterio, con respeto por la arquitectura original y con una decoración que entiende exactamente dónde vive. El resultado es un interior que respira diseño escandinavo mid-century desde cada rincón, sin nostalgias forzadas ni actualizaciones que traicionen el espíritu del edificio.

La villa fue proyectada por el arquitecto Olof Ward y totalmente renovada en 2019/2020. Desde fuera ya avisa de lo que hay dentro: volúmenes desplazados, cubierta plana, fachada de kalksandsten (esa piedra arenisca blanca tan característica de la arquitectura sueca de posguerra) combinada con paneles de madera oscura y ventanas corridas casi a ras del suelo. Una imagen modesta y discreta, que no prepara para la generosidad del espacio interior.

El salón: mid-century moderno con alma propia

La zona de estar es el corazón de la planta principal y probablemente la habitación más cinematográfica de toda la casa. Los ventanales de suelo a techo enmarcan el bosque como si fuera un cuadro en movimiento y la luz entra de forma tan limpia que los colores de los textiles, mostaza, terracota, verde salvia, se activan de una manera que en fotografía resulta casi irreal.

Sobre el parquet de espiga, una alfombra geométrica de cuadros ocre y gris azulado organiza la conversación entre dos sofás de línea baja y patas finas, perfectamente escandinavos en su proporción. La chimenea de ladrillo visto en rojo es el elemento más genuinamente sesentero de la estancia: sin revestir, sin disimular, con leña apilada al lado como si el tiempo se hubiera detenido en el mejor momento posible. Sobre ella, una colección de piezas de cerámica nórdica vintage remata la composición con una elegancia que no necesita esfuerzo.

Lo que convierte este salón en algo especial es la mezcla de piezas: una chaise longue LC4 de Le Corbusier, una silla de cuero de los años 70 con pátina auténtica, una estantería modular de madera rebosante de libros y vinilos, una guitarra apoyada en el estante más alto. No es un interior decorado para la foto, es una casa vivida con mucho gusto.

La paleta de color: gris verdoso, madera y terracota

Uno de los aciertos más claros de esta vivienda es la paleta cromática. Las paredes del salón están pintadas en un gris verdoso apagado, que funciona como neutro cálido y hace que la madera brille sin competencia. En el comedor, el techo juega con dos tonos: un azul grisáceo y un bloque de terracota que delimita la zona como si fuera una instalación artística. Es atrevido, es escandinavo moderno y funciona de maravilla.

Las claves decorativas que unifican todos los espacios de esta villa son:

  • Madera en todos los planos: parquet de espiga en salón y comedor, carpintería de cocina en nogal, estanterías modulares de madera maciza, puertas con travesaños verticales en madera vista.
  • Cerámica nórdica vintage como elemento decorativo recurrente: sobre la chimenea, en las encimeras, en los alféizares.
  • Textiles con color y patrón: mantas a rayas, cojines con estampados geométricos, que calientan sin recargar.
  • Iluminación escultural: la lámpara Vertigo de Constance Guisset en el salón, apliques de globo, pantallas industriales y lámparas de pie vintage conviven en una misma estancia sin estridencias.

La cocina de madera y mármol, la reforma que lo cambia todo

Si el salón es el alma de la casa, la cocina es su columna vertebral. Renovada en 2019/2020 con muebles de alta gama con acabados en madera maciza, la estancia combina frontales en nogal con encimeras en piedra y una campana de gran volumen integrada en el techo que recuerda más a una pieza arquitectónica que a un electrodoméstico.

La isla central, con hueco para libros de cocina en su parte inferior y taburetes de cuero en el lateral, es el centro de gravedad de la zona diurna. La cocina no está cerrada: se abre al comedor y desde ahí conecta visualmente con el salón, siguiendo esa filosofía escandinava de que cocinar es también un acto social.

Una planta que cuenta una historia

La distribución en halvetage (esos medios niveles tan característicos de la arquitectura sueca de los 60) añade dinamismo espacial a una planta que de otro modo podría resultar convencional. Las escaleras aparecen y desaparecen entre estanterías y mamparas de madera, creando una circulación que invita a explorar.

El resto de la vivienda: dormitorios, cuartos de baño, gimnasio en la planta inferior, mantiene el mismo lenguaje de materiales nobles, colores sosegados y piezas con historia, continuando una conversación que empezó en 1966 y que sus actuales habitantes han sabido retomar exactamente donde se quedó. ¿Os gusta?

Fotos propiedad Historiska hem


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