Hola, soy Abel de González, y este mes nos desplazamos a Helsingborg, Suecia, para descubrir Mary Hill Estate, un antiguo palacete del siglo XIX transformado en un hotel de destino donde el diseño narra una historia de confort y sofisticación.
Lo que hace único a este proyecto es su capacidad para alejarse del minimalismo más frío y apostar por un interiorismo con un marcado tono clásico, pero fresco, renovado, rico en texturas, capas y una paleta cromática envolvente.
Solo con verlo se puede percibir que el diseño va más allá de la estética, se nota que el espacio busca generar una suerte de conexión emocional con el habitante. Es una sensación casi tangible. Pero dejándonos de filosofar, y fijándonos en su bella decoración, han hecho un ejercicio sublime a la hora de combinar patrones. Algo tan complicado para el común de los mortales, en el Mary Hill Estate se convierte en el epítome de la naturalidad estética.
La rehabilitación ha respetado la arquitectura original, permitiendo que los grandes ventanales inunden de luz natural unas estancias donde el mobiliario curado parece haber estado allí siempre, ¿Lo notas?. Que lo disfrutéis.






Fotografía: Vanessa Sander
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